A los pibes los velamos en el club del barrio
A los pibes los velamos en el club del barrio sin ventiladores, sin aires acondicionados. Con recetas de abuelas para ahuyentar las moscas y un fuego prendido afuera, donde nos reunimos en ronda y entre todos nos ponemos a cocinar. Al menos ese día, ni al hambre ni a la soledad a la villa dejamos entrar. Juntamos plata porque siempre hace falta, porque hasta morirse sale un ojo de la cara, las coronas no las regalan y a los pobres no nos dan ataúdes, nos meten en cajones de manzanas. A los pibes los despedimos con palabras, con caricias, con cartas escritas con vergüenza que dejamos en el cajón, humedecidas y arrugadas. A los pibes los despedimos con amor. Porque si la vida digna es una promesa, que para algunos nunca llega, al menos, despedirlos amorosamente será nuestra resistencia. Ante lo injusto, lo violento, resistimos. Ante la resignación de un destino que parece escrito desde el nacimiento. Desde el nacimiento villero. A los pibe...