El regreso
Estoy entrando a casa y siento un escalofrío.
Una angustia gigante me invade el cuerpo
y me ancla inmóvil en la puerta.
Miro la casa, escucho el silencio
que me resuena en cada parte.
Adentro, yo también estoy vacía.
El gato ya no viene a saludarme,
como siempre, quiso seguirte los pasos.
La semana pasada lo enterramos en el patio.
Recuerdo la tarde en que salimos,
los 49 días en el hospital,
mis despedidas que incluían un beso y una advertencia:
“Mañana vengo, no se te ocurra morirte.”
Te recuerdo en terapia,
despertando de la cirugía,
diciéndome que había dolido mucho y estabas cansado,
pero podías esperar los días que sean necesarios
porque lo peor ya había pasado.
Se me cae una lágrima.
Miro la cajita de madera que llevo en brazos y te digo:
“Llegamos viejo, no era como esperábamos,
pero al fin volviste a casa.”
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