Las visitas
Soy como una casa abandonada. Me sacaron todo. Ya no soy un espacio de encuentro, un refugio en el invierno ya no quiero ni puedo alojar a nadie. Estoy sola, en silencio y sé que a muchas personas les doy miedo porque cuando se acercan sienten el frío y la angustia que encierro adentro. A veces les sirvo para dormir y se van al salir el sol pero no me quejo no aguanto la compañía de nadie por mucho tiempo. Hay quienes se acercan para seguir desvalijándome, aun cuando las cosas adentro ya no valen la pena. Siempre hay alguien dispuesto a llevarse hasta lo último que queda. Sin embargo entre tanta oscuridad y desidia de vez en cuando dejo que alguien me habite. Él viene y abre las ventanas aunque cueste y hagan mucho ruido. Se esfuerza para que el aire corra y la luz entre iluminándolo todo. Quita el polvo de las alfombras y los muebles, prende sahumerios de vainilla y coco porque sabe que me gustan y alejan el olor a velorio. Rompe el silencio que parece inquebrantable la mayoría del t...