Se desarma la casa

Se desgarra el cuerpo 

Se desintegran los planes

Se apaga el amor.


Oscuro, incierto

el mundo se repliega 

y yo me quedo amorfa,

me voy vaciando. 

Todo sale empujado con violencia

y nada entra.


Adentro es hueco,

adentro es eco

de voces que me dicen 

que ya es suficiente,

que fue demasiado esfuerzo. 


Afuera, el otoño sacude sus hojas y se desprende 

de lo que ya no puede sostener.

Mientras el invierno 

lento y sigiloso

se asoma a mis pies 

y me susurra que no tenga miedo, 

que a veces es preciso quedarse quieta 

porque hay llamados que sólo se escuchan en el más hondo silencio. 


Me dejó caer en un hueco, 

como piedra en pozo seco,

como rama en un río detenido. 

Y no lucho,

no hay más que quedarse quieta, vacía, abierta

dejando que el frío me acomode los bordes.


No es la primera vez, ya he sido ruina, 

ya he esperado antes. 

Y sé que siempre

algo pequeño, tibio, inadvertido, 

comienza a latir de nuevo

en el medio de la nada.

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