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Se desarma la casa Se desgarra el cuerpo Se desintegran los planes Se apaga el amor. Oscuro, incierto el mundo se repliega y yo me quedo amorfa, me voy vaciando. Todo sale empujado con violencia y nada entra. Adentro es hueco, adentro es eco de voces que me dicen que ya es suficiente, que fue demasiado esfuerzo. Afuera, el otoño sacude sus hojas y se desprende de lo que ya no puede sostener. Mientras el invierno lento y sigiloso se asoma a mis pies y me susurra que no tenga miedo, que a veces es preciso quedarse quieta porque hay llamados que sólo se escuchan en el más hondo silencio. Me dejó caer en un hueco, como piedra en pozo seco, como rama en un río detenido. Y no lucho, no hay más que quedarse quieta, vacía, abierta dejando que el frío me acomode los bordes. No es la primera vez, ya he sido ruina, ya he esperado antes. Y sé que siempre algo pequeño, tibio, inadvertido, comienza a latir...