Enero I
El día que te mataron no empezó distinto a otros: Di vueltas en la cama, fui contra el reloj y como siempre cuando llego tarde, elegí el baño antes que el desayuno. El día que te mataron salí de casa y volví a buscar mis auriculares, desde la puerta vi pasar el colectivo y pensé en las pequeñas decisiones que tomamos en un instante y nos cambian la vida sin darnos cuenta. El día que te mataron almorcé en el trabajo, me empezaron a gustar esos cortos momentos de tiempo muerto, los sabores y el silencio. Soy feliz resguardada en mi mundo interno con reflexiones y pensamientos que pueden ser tontos o ingenuos, pero tienen mucho corazón, porque el día que te mataron estuve pensando mucho en cómo evitar que te mueras. ¿Si termina la escuela y se motiva? ¿Si aprende un oficio para que haga su plata y no se ponga en peligro? ¿Si se muda de barrio y encuentra nuevos amigos? ¿Si lo adopto y vive conmigo? ¿Si le digo todos los días que si se muere lo extrañaríamos muchísimo? Y te abr...